Redes Comunitarias Para Combatir La Brecha Digital

Diversos proyectos de conectividad rural comunitarios han surgido en los últimos años en América Latina como un mecanismo para garantizar el derecho de acceso a la sociedad de la información de los habitantes de estas comunidades, convirtiéndose en una excelente y eficaz estrategia para la disminución de la brecha digital en toda la región.

¿Qué son las redes comunitarias y como ayudan a disminuir la brecha digital?

Por: Gabriel E. Levy B.

www.galevy.com

Las redes comunitarias son redes de telecomunicaciones (Internet, Intranet o Telefonía Móvil) de propiedad y gestión colectiva de las comunidades, en algunos casos se trata de proyectos con ánimo de lucro, pero en la gran mayoría son sin ánimo de lucro. El principal objetivo es facilitar el acceso a la sociedad de la información de los habitantes de una misma comunidad[1].

Generalmente este tipo de iniciativas surgen de forma espontánea por parte de las mismas comunidades o como una iniciativa de organizaciones de la sociedad civil, que buscan promover este tipo de empoderamiento.

“En las redes comunitarias la comunidad participa activamente en el diseño, construcción y operación, con el fin de conectar, comunicar y mejorar la calidad de vida en su territorio; disminuyendo la brecha digital, fortaleciendo la inclusión social y logrando el acceso a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) a través de la autonomía comunitaria.” Portal Redes Comunitarias[2]

La Declaración sobre Conectividad Comunitaria (2017), elaborada por la Dynamic Coalition on Community Connectivity (DC3) del Foro de Gobernanza del Internet, establece que:

“Las redes comunitarias están estructuradas para ser abiertas, libres y respetar la neutralidad de la red. Estas redes dependen de la participación de las comunidades locales en la concepción, desarrollo, implantación y gestión de infraestructura compartida como un recurso común, propiedad de la comunidad y operadas de forma democrática”. Declaración sobre Conectividad Comunitaria (2017)[3]

En los últimos años en varios países de América Latina, han venido creciendo el número de proyectos y organizaciones que promueven la implementación de redes comunitarias, muchas de ellas aún no poseen acceso a Internet[4], sino que operan como sistemas de Intranet, en cambio,  muchas otras se han convertido en sus propios proveedores de acceso a la red mediante sistemas Wireless o redes inalámbricas.

“En América Latina y el Caribe existen muchas comunidades que todavía mantienen rasgos organizativos, económicos y políticos que no están completamente anclados en las lógicas de mercado y en las dinámicas organizativas delineadas por el Estado. Las iniciativas de telecomunicaciones desarrolladas por algunas de estas comunidades atienden a este modo de vida alternativo. Las redes comunitarias son proyectos de conectividad que toman como base en sus modelos organizativos y tecnológicos las formas de organización y modos de vida de las comunidades de las que forman parte.

Así, las redes comunitarias son el reflejo de las comunidades que las desarrollan y, consecuentemente, las estructuras sociales y políticas que caracterizan las comunidades latinoamericanas más desconectadas de Internet son aquellas estructuras que moldean estas experiencias de redes comunitarias en la región[5]”.

Uno de los casos más emblemáticos en Colombia y que fue publicado recientemente por el diario El Espectador, es el de la vereda San Pablo en Cundinamarca, que, con la ayuda de una Universidad, ha desplegado una red comunitaria con Internet, que ha mejorado sustancialmente la calidad de la vida de los habitantes de esta zona.

El proyecto es parte de un semillero de investigación denominado “Red Fusa Libre”, el cual busca empoderar a los territorios rurales mediante soluciones tecnológicas.

“Es una red hecha a muchas manos, que es de todos y cuyo propósito es permitir una comunicación libre y abierta”, explica Wilson Gordillo, uno de los profesores del semillero, quien lleva ocho años trabajando con este tipo de iniciativas. [6]

El Problema de la Brecha Digital en Latinoamérica

El autor Benjamin M. Compaine, en el libro The Digital Divide (La Divisoria digital), afirma que el concepto de “brecha digital” se refiere a la división percibida “entre aquellos que tienen acceso a las tecnologías de la información y la comunicación contemporáneas y aquellos que no” razón por la cual, los que no poseen este acceso, terminan experimentando una evidente desventaja económica, social, cultural y recreativa, respecto de los demás ciudadanos que disfrutan de este servicio[7].

Por su parte el autor Raúl Flores Simental, afirma[8] que el mejor indicador para medir la Brecha Digital, es “La falta de acceso a Internet”, ya sea por la ausencia de conectividad, la mala calidad de esta o por el desconocimiento en su uso (Apropiación), siendo estos tipos de indicadores, posiblemente lo más mencionados y analizados en las investigaciones académicas, los informes gubernamentales, las encuestas privadas y los datos de las mismas compañías de telecomunicaciones[9].

Para comprender el impacto y alcance de este fenómeno en Latinoamérica, al igual que sus múltiples dimensiones, resulta de mucha utilidad el recientemente publicado reporte 2020 de Datareportal en asocio con Statista, Globalwebindex: GSMA, y Hootsuite: “We Are Social”[10], el cual afirma que 4.500 millones de personas tienen acceso a Internet  en el mundo, lo que constituye un 59% de la población mundial, con un factor de proporción equivalente a un “59/41”, es decir que alrededor de 3.200 millones de personas no tienen acceso a Internet en el mundo[11].

El mismo estudio sostiene que los mejores indicadores se los lleva Europa como continente en su conjunto, con un relación 90/10, aunque si reducimos la muestra exclusivamente a Europa Occidental la cifra sube a un 93/7. En el caso de América del Norte la proporción es 87/13.

En América del Sur, alrededor de 120 millones de personas no cuentan con acceso a Internet en la región y 302 millones aproximadamente, si lo tienen. Con un acceso del 70% y una proporción equivalente al 70/30. La cifra de Centro América y el Caribe es similar con una relación de 67/33[12].

Un estudio publicado por la organización: “Internet Society” sobre redes comunitarias, encontró que este modelo es particularmente eficiente para atacar el problema de la brecha digital, especialmente en América Latina, ante la incapacidad de gobiernos y proveedores tradicionales de dar acceso efectivo, especialmente a las comunidades rurales:

“… Aproximadamente 250 millones de latinoamericanos, o sea más de la mitad de los hogares permanecen sin acceso a Internet y la región mantiene uno de los niveles más altos de desigualdad de ingresos del mundo.

Varias características sociodemográficas siguen constituyendo barreras que afectan la adopción de Internet. Particularmente, persisten diferencias elevadas en el acceso entre los habitantes de las zonas urbanas y rurales, así como entre los quintiles de la distribución del ingreso y en este contexto, la posibilidad de comprar 1 GB de datos es asequible, en promedio, solamente para el 40 % de la población con ingresos más altos[13].”

Auto – empoderamiento para el acceso rural

Para las grandes compañías de Telecomunicaciones proveer acceso a Internet en zonas rurales, en la mayoría de los casos no es rentable, toda vez que la baja densidad no permite viabilizar costos, razón por la cual tal y como lo hemos analizado anteriormente en otros artículos, los WISP (Proveedores de Servicios de Internet Inalámbrico (en inglés, wireless Internet service provider, abreviado WISP) se han convertido en zonas rurales, en los mejores aliados para la disminución de la brecha digital.

Es importante destacar que muchas de estas WISP, son comunidades que se han auto organizado para la prestación del servicio en su propia zona, siendo ellos mismos quienes se encargan de garantizar el acceso a la sociedad de Internet de todos sus vecino, un modelo comunitario que promueve el desarrollo de una misma región, posiblemente como única alternativa ante la falta de interés de los estados y gobiernos de hacer presencia en las regiones más apartadas del continente.

El matrimonio entre WISP y Redes Comunitarias posee un valor diferencial adicional que ni los gobiernos ni las grandes compañías pueden resolver, el del componente de la apropiación, pues son las mismas comunidades las que se encargan de ayudar a sus vecinos a usar un dispositivo electrónico por primera vez, ensenándoles a utilizar Youtube, Whats App, Facebook, Zoom o googlear una palabra, un factor determinante pues de nada sirve tener el acceso y el dispositivo, sino se cuenta con el conocimiento para utilizarlo.

Tal y como lo analiza el estudio promovido por Internet Society, las redes comunitarias no deben ser considerados como antagonistas al Estado o al mercado. Al contrario, actúan como un complemento válido que permite “soslayar las evidentes lagunas tanto de las estrategias públicas como de las privadas”.

«De esta manera, mediante la implementación de mecanismos participativos y de lógicas basadas en la gestión de bienes comunes, se logran consolidar proyectos que no sólo contemplan la necesidad de acceso a telecomunicaciones, sino también estimulan la construcción y el intercambio de contenidos, aplicaciones y servicios que pueden atender las necesidades particulares de los habitantes de las áreas desconectadas«[14].

En Conclusión, ante la falta de empresas interesadas en llegar a las regiones más apartadas del continente y aprovechando las nuevas tecnologías de telecomunicaciones como el WIFI, muchas comunidades en toda la región se han convertido en sus propios proveedores de Internet, mediante el diseño, implementación, gestión y mantenimiento de sus propias redes, cubriendo con su propio esfuerzo la deuda histórica que los gobiernos no han logrado cubrir hasta ahora en materia de conectividad y apropiación.

Foto: Studio en Unspalsh.com